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¡Ah!… ese Director del plantel…

Bueno… ha pasado tiempo… mucho, de hecho, este año cumplo 20 años de servicio en el sistema del Colegio de Bachilleres… más el tiempo que estuve como eventual, más el tiempo que estuve en el Telebachillerato, antes de que el Colegio de Bachilleres absorbiera al plantel…

Hoy en día soy Director de plantel (siete años y medio de experiencia como Director, en tres planteles distintos de los 5 en los que he estado). Por concurso. Como debe ser. Y no es fácil, nada. Antes era con los estudiantes con quien trataba los temas, las problemáticas, sus situaciones personales, sus aprendizajes y sus evaluaciones, generaciones y generaciones de egresados, de tantos alumnos que la memoria no me alcanza para recordar los nombres con apellidos y los rostros que conocí. Y ahora, como Director, me tocan los temas de Alumnos, Docentes, Personal Administrativo, Padres de Familia, Supervisor (mi jefe), Directores de área, Delegado, Presidente Municipal y hasta indicaciones de la Autoridad Estatal y Federal… como dije: no es fácil.

Hay tanto que me gustaría mejorar, al menos en mi plantel, pero los recursos no llegan siempre. Tantos proyectos que espero terminen concretándose. Y se gestiona diario, y se trabaja con esfuerzo diario para ello. Sólo espero que valga la pena, el estrés, el cansancio, el tiempo, el uso de recursos, etc… Beneficios para los generaciones actuales y futuras…

¿Me gusta?… La respuesta es ¡ME ENCANTA!

 

¿La Tutoría función docente?

Dentro de mi formación de ingeniero en sistemas computacionales, siempre me encontré con profesores fríos, calculadores, rectos, justos bajo una misma línea para todos, sordos para nuestras excusas y hasta cierto punto, carniceros al momento de evaluar, bajo el discurso: “Está bien o está mal, no existe un está casi bien”. Y aunque en realidad, no sufrí ningún tormento más allá de la presión ejercida por su forma autoritaria de dar su clase y evaluar, existieron compañeros y compañeras que sí sufrieron descalabros fuertes. Terminé mi carrera sin problemas emocionales, pero conozco a varios compañeros que no aguantaron la presión y hasta decidieron cambiar de carrera por pensarse incapaces de cumplir, no solo sus expectativas, sino las de los profesores. Se creyeron fuera del círculo ingenieril para pasar a otros aires más prometedores y menos exigentes.

Una vez que termino mi carrera y me encuentro ante la posibilidad de dar clase, tomo la estafeta de profesor y visualizo el lado contrario al alumno. Me presento como un maestro exigente como lo fueron mis maestros, me vuelvo frío, calculador, justo bajo mi perspectiva, sordo y carnicero. ¿Y qué me encontré? Con bajo desempeño académico y hasta deserción.

Caigo en la idea entonces de cambiar. Las capacitaciones me habían dado la oportunidad de hacerlo. Me presentaron los modelos educativos y varios detallitos (incluso mañas) de la profesión; cosas que en mi formación académica nunca vi por obvias razones. Y me encuentro con el enfoque humanista, con el constructivismo, con las líneas de orientación curricular, con las competencias, con el “Saber Ser”, “Saber Hacer”, “Saber Conocer” y “Saber Convivir”. Y cambio (tal ves solo un poco; siempre se puede mejorar) la manera de trabajar con mis alumnos y de evaluarlos.

Descubro que “la escuela es el lugar donde se es y se hacen amigos, no se trata solo de edificios, aulas, salas, pizarras, programas, horarios, conceptos. Escuela es sobre todo gente, gente que trabaja, que estudia, que se alegra, se conoce, se estima”; tal como lo dice Freire.

Y cuando visualizo esto, me encuentro con que un estudiante que se siente cómodo para trabajar, estudiar, compartir, expresarse, ser… se convierte en un estudiante mejor, pero aún más, en una mejor persona.

¿La Tutoría función docente? Claro que sí, siempre que exista el compromiso para trabajar bajo el humanismo que requiere la profesión. Siempre que cada docente encuentre la razón de su función. Siempre que el alumno necesite alguien para resolver sus problemas.

Si de acuerdo a la RAE, un tutor es la “persona encargada de orientar a los alumnos de un curso o asignatura”, entonces podríamos hacer la equivalencia con el asesor académico. Nuestro papel constructivista es ser un guía y un facilitador, que incluso también encajan en la definición de TUTOR.

Por otro lado, Vygotsky nos habla de la necesidad del trabajo cooperativo (aprendizaje colaborativo), por ser entes sociales, que nos da la pauta a estar vinculados por medio de nuestra profesión con la de nuestros alumnos. Deberemos en consecuencia escucharlos y apoyarles para que adquieran su conocimiento. Y ese, también es papel del tutor. Pero lo que sí creo, que no todos estamos preparados para ser tutores, entonces ¿qué requisitos necesitamos para desempeñarnos como tutor?

  • Hacerlo por gusto, comprometido.
  • Interrelacionarse con los alumnos y con los docentes.
  • Trabajar de manera colaborativa, participativo.
  • Ser responsable de sus actividades y sus actitudes.
  • Solucionar problemas.
  • Diversificar estrategias.

En base a lo anterior, observo que se debe ser un Tutor-Guía, más allá de un simple facilitador de la educación. Ser un solo docente… pareciera que eso no basta.

Esto me lleva a mi idea inicial para preguntarme ¿qué hubiera pasado si mis profesores de la carrera hubieran sido más bien tutores que nos acompañaran en el proceso de formación para ser ingenieros en sistemas computacionales? Esto nunca lo sabremos, pero seguramente la respuesta sería más positiva, no solo para mi, sino para todos aquellos compañeros que decidieron declinar ante la pared de la falta tutorial en la institución.

 
 
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